Perdonar no es otra cosa más que darle la oportunidad divina a aquella persona, que ante nosotros se arrepiente, aquella que se muestra como una criatura indefensa delante nuestro, con transparencia total. No es, sin embargo, bajar la cabeza, como algunos piensan. No es de cobardes, por el contrario, no existe más que nobleza y valentía en aquel que perdona. Es ese instante donde abrimos nuestro corazón, y dejamos de pensar por un momento en lo sucedido. Es no darle importancia a nuestra vanidad, y pensar en el otro como lo que es, un simple mortal redimiéndose.
Por otro lado, pedir perdón, no nos hace menos. Nos libera de nuestro maldito orgullo. Nos limpia, nos vuelve niños una vez más, indefensos pero puros. No deja a la merced del otro, pero sin embargo es el gesto más sincero que podemos realizar.
Perdón.
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