Compañero de mi vida, espero entiendas y seas paciente con esta loca que acá te escribe. Esta loca, que se enamora aún más cuando no estas, pero mientras te tiene no sabe como expresar lo que siente. Por ahí por miedo, por vergüenza, o simplemente porque ya se olvido como se hace. Es tan difícil volver a empezar. El tiempo hace estragos con uno y a veces el pasado nos desmemoriza. Estas lidiando con los peores fragmentos que quedaron de mí, aún no comprendo como es que lo haces tan bien. Y tengo miedo, sí, miedo a no hacerlo lo suficientemente bien. Miedo a que te canses de esta bipolaridad, de esa sorpresividad crónica que tendrías que sufrir conmigo, porque nunca se sabe como puedo reaccionar... miedo a perderte. Se que es algo que compartimos, hoy me lo confesaste como tantas veces ya. No le encuentro razón, pero casi nunca mis sentimientos tienen razón alguna.
Son sólo unos días los que nos van a separar, pero tengo la manía de exagerar. Soy una persona que trata de vivir a mil, y cada uno de sus días los disfruta como el último. Hace rato deje de sentarme a ver como pasaba la vida, y no darme por aludida de aquello. Amo sentir, me siento viva cuando siento, y si siento que te extraño, es porque se que te amo, se que estoy viva, se que estoy con vos. ¡Gracias por hacerme sentir tan viva, tan feliz, tan amada! puede que tengas razón, y que yo tema ser amada. No se por qué, o por ahí si, pero es que prefiero olvidarlo...
Desconozco lo que piensas con respecto a mis sentimientos, ahora que lo pienso nunca te pregunté, creo hacer lo que puedo... espero que pienses que con eso te basta, aunque se que puedo dar siempre un poco más.
Es raro que me quede sin palabras, víctima de una verborragia extrema, pero es que aprendí que a veces las palabras están demás...
Te amo.
miércoles, 31 de marzo de 2010
domingo, 14 de marzo de 2010
Fragmentos de mí
La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quien hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.
Eduardo Galeano.
Mi vida no solamente se partió en dos. Se partió en muchos pedazitos. Cada uno de ellos sabe quien es un cachito de mi vida. Por eso cuando estamos todos juntos, realmente puedo ser feliz.
miércoles, 10 de marzo de 2010
La petite mort
Hoy me decidí a dejar atrás todo lo pasado, a volver a nacer. Hoy me decidí a disfrutar lo que me esta pasando en este hermoso presente, dejar a un lado las tristezas y entender de una buena vez que esta es mi oportunidad de ser feliz. Por eso, nuevamente volví a suprimir todo lo escrito anteriormente en este blog, para que él, también empiece de cero.
Tengo mis razones para elegir esta aparente amnesia de todo tiempo pasado. Una de esas razones es una persona muy especial en mi vida, que apareció en uno de los peores momentos, pero que con muy poco esfuerzo revirtió totalmente esa situación. Una persona que no se merece realmente, mis cambios de humor ante el primer indicio de un mal recuerdo, o de un buen recuerdo, pero que trae otros muchos malos. Me quiero reescribir con él, quiero ser una persona nueva. Poco a poco fui logrando volver a ser yo misma, pero es que ahora ni eso me sirve ya. Necesito estar en blanco.
Otra cosa que decidí en este extraño día, de lluvia matinal y un sol radiante a estas horas de la tarde, es volver a escribir. Gracias a mi profesora más querida, y a su ejercicio, que me hicieron dar cuenta de lo bien que me hacía expresarme en forma escrita, y que no necesariamente tenga que abandonarlo por una mala experiencia en el amor, y una dosis de terapia. Así que aquí estoy, nuevamente en este blog que tantas veces fue escrito, y tantas veces borrado también. Por hoy voy a dejar un cuento de Eduardo Galeano, que paradójicamente a lo que antes escribo, me lleva a un pasado, no tan pasado. Un buen recuerdo, que no quisiera borrar, ya que ese pasado, vive aún en mi presente.
La pequeña muerte, Eduardo Galeano.
No nos da risa el amor, cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.
Tengo mis razones para elegir esta aparente amnesia de todo tiempo pasado. Una de esas razones es una persona muy especial en mi vida, que apareció en uno de los peores momentos, pero que con muy poco esfuerzo revirtió totalmente esa situación. Una persona que no se merece realmente, mis cambios de humor ante el primer indicio de un mal recuerdo, o de un buen recuerdo, pero que trae otros muchos malos. Me quiero reescribir con él, quiero ser una persona nueva. Poco a poco fui logrando volver a ser yo misma, pero es que ahora ni eso me sirve ya. Necesito estar en blanco.
Otra cosa que decidí en este extraño día, de lluvia matinal y un sol radiante a estas horas de la tarde, es volver a escribir. Gracias a mi profesora más querida, y a su ejercicio, que me hicieron dar cuenta de lo bien que me hacía expresarme en forma escrita, y que no necesariamente tenga que abandonarlo por una mala experiencia en el amor, y una dosis de terapia. Así que aquí estoy, nuevamente en este blog que tantas veces fue escrito, y tantas veces borrado también. Por hoy voy a dejar un cuento de Eduardo Galeano, que paradójicamente a lo que antes escribo, me lleva a un pasado, no tan pasado. Un buen recuerdo, que no quisiera borrar, ya que ese pasado, vive aún en mi presente.
La pequeña muerte, Eduardo Galeano.
No nos da risa el amor, cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)